Laura Franco Salazar 

Fuente: Suplemento Generación de El Colombiano

Comprar libros leídos o "usados", rescatarlos y alargarles la vida


Domesticar, rescatar, resignificar… Tantos verbos caben en la acción de conseguir libros en las “librerías de viejo”, aquellas que, distintas a las que venden libros impolutos, nuevos, venden ejemplares con historia (en algunos casos verdaderos tesoros) que han pasado previamente por otras manos.
A la escritora británica Virginia Woolf se le atribuye la idea de que los libros usados son salvajes, mientras que los que están en las bibliotecas (quizá sobre todo aquellos de las bibliotecas personales) están domesticados: “Los libros usados son salvajes, sin hogar, han llegado juntos en vastas bandadas de variado plumaje y tienen un encanto del que carecen los libros domesticados en las bibliotecas”, se lee bajo su firma en blogs, como una de sus tantas frases célebres. Los nuevos, empacados todavía en el plástico de fábrica, son entonces mansos.


Sin embargo, no todos los libros usados tienen ese álito de romanticismo. Para efectos de precisión es necesario hacer una salvedad: es distinto hablar de libros de segunda a hablar de leídos. Juan Hincapié, de la librería Los libros de Juan (@loslibrosdejuan) y Luis Alberto Arango, de Palinuro (@libreriapalinuro), coinciden en reiterar que son conceptos diferentes. “Los libros de segunda son aquellos que se venden de forma aleatoria, los de bachillerato, las enciclopedias…”, dice Juan, agregando que los libros leídos son aquellos que selecciona un librero de manera premeditada, haciendo “una curaduría”, según sus intereses y el perfil que desee darle a la librería. A esto se le une Luis Alberto recordando que, si bien el concepto de “libros leídos” es hoy de manejo popular, para él, quien acuñó el término en un principio fue el escritor y pintor Elkin Obregón, con quien compartió los inicios de Palinuro en 2003, también junto al músico Sergio Valencia y el periodista Héctor Abad Faciolince.

A modo de rescate
¿Hay algo más triste que el olvido? Quizá: un libro que además de olvidado termina en la basura. Esta es una de las ideas que referencia María Camila Cardona, de Carbonero (@carbonerolibros) y Peregrina (@peregrina.libros), dos proyectos virtuales de venta de libros leídos. Así explica la importancia de las librerías de viejo: “Yo creo que este tipo de librerías cumplen muchas funciones. Tal vez la que más me hace sentido es la de la conservación y, en ocasiones, reactivación del patrimonio libresco de un lugar. También (y esto es algo en lo que creo firmemente) las librerías de libros usados evitan que muchos libros vayan a la basura. Esa re-circulación es importante porque la industria editorial, como todas las grandes industrias, tiene unas dinámicas de mercado y de producción que juegan en contra de la protección del ambiente”, y matiza que si bien cree y respeta el mercado editorial, al mismo tiempo cada oficio tiene una función, “y la de los libreros de libros leídos es, consciente o inconscientemente, la de alargar la vida de muchos libros”.


Histórico es un adjetivo que suena a pisoteado y se pinta de tonalidades cafés. Lo nuevo es todo lo contrario: protegido y blanco. “Este tipo de librerías como la que yo sostengo no se parecen en nada a las de libros nuevos, solo en que tienen libros. Las librerías de nuevo tienen un manejo, un sabor, un feeling muy distinto”, dice Luis Alberto.


Para él las librerías de viejo “son los cancerberos” de la memoria literaria, escrita: “Aquí se pueden conseguir libros que ya no se publican o que están descontinuados”, añade.


Los subrayados, las anotaciones o el separador de páginas que olvidó el lector anterior recuerdan que ese libro anduvo salvaje en otros tiempos, antes de llegar a las manos de un nuevo propietario. ¿Viajó? ¿Conmovió? ¿Qué significó y qué significa ahora? Para Juan, que ha buscado que su librería se especialice, entre muchas otras cosas, en libros descatalogados, todo esto se trata de ser rescatador del patrimonio bibliográfico: “Muchas veces son libros prontos a irse a la papelera porque no todos interpretan la importancia de una primera edición, de un libro que fue censurado. Es un rescate importante y los direccionamos hacia las personas que podrían tener interés”. Historiadores, investigadores, literatos…
En Palinuro las historias vinculadas a los libros, representadas en lo que la gente deja dentro de ellos, tienen también un lugar importante. Cartas, fotografías, fórmulas médicas, tiquetes aéreos, anotaciones, todo está archivado de manera especial, “junto a la recuperación o rescate de libros leídos suceden cosas muy bonitas como esa”, agrega Luis Alberto.

¿Cómo llegan?
Para cada librero el proceso es particular. Para María Camila son muchos los caminos de llegada y de partida. Cuenta que en los inicios se movía por las librerías del país buscando aquellos que por alguna razón consideraba valiosos y quería tener en su catálogo. “Desde el principio ha habido un propósito ‘curatorial’, pero también nos hemos dejado llevar por el movimiento que los mismos libros proponen, una suerte de intuición que nos ha permitido entender que este oficio no puede hacerse solo desde el intelecto, y que la curiosidad y la sensibilidad son fundamentales”. También están quienes ofrecen los propios para darles una nueva vida. “Nos hemos dejado encontrar porque como dice un librero al que admiramos mucho, ‘los mejores libros siempre tocan a la puerta. No hay que angustiarse en búsquedas desesperadas’”, y enfatiza que, aunque espera que los libros sigan llegando así, con un poco de magia, “también seguiremos moviéndonos y buscando, porque ese ejercicio alimenta nuestros espíritus que tienen algo de arqueólogos y mucho de andariegos”.


Para Luis Alberto el proceso no es muy distinto. En un principio viajó a Bogotá con Sergio Valencia a comprar algunos y aportó otros de su biblioteca personal. Hoy día las personas les ofrecen sus bibliotecas o lotes de libros que ya no pueden o no quieren tener en casa. “Desde un principio acordamos que íbamos a manejar libros del área de humanidades: ensayo, poesía, teatro, filosofía y literatura (que es el 80 % de nuestro inventario)”. Con base en eso se realiza la curaduría, “cuando nos ofrecen lotes de libros nosotros pedimos que nos dejen escoger entre esas materias”.


Así mismo lo hace Juan, ciencias humanas, historia, antropología, libros descatalogados, antiguos, curiosos. “Esos son los principios que manejamos y nuestras fortalezas. Hacemos una decantación según nuestros conocimientos y gustos literarios”.

La importancia del librero
Los libreros de libros leídos trabajan con la intuición, el conocimiento acumulado, el amor y el cariño hacia esos objetos llenos de historias, no hay profesionalización del oficio. Para María Camila sería ideal que existiera un balance entre la magia y el conocimiento especializado. “Eso permitiría enseñar y aprender el oficio con más precisión y en esa medida, quizá, aumentaría la cantidad de librerías en nuestro país”. Por ahora, para sus dos proyectos ha incorporado las prácticas y conocimientos que le han compartido otros libreros, alcanzando a construir las suyas propias.


Para Juan resulta un poco más natural, un librero es fundamentalmente un lector, formado en las áreas de las humanidades o con una sensibilidad muy fuerte hacia la lectura. “Los libros lo sorprenden por su calidad, su condición, sus características. Además, puede perfilar inmediatamente a quién le podría interesar”. Cualidades que, no necesariamente, debe tener el vendedor de libros de segunda.

Usted como lector
¿Diría que los libros pertenecen a las bibliotecas? ¿Cuando no están allí son libros rebeldes? ¿Salvajes? Siendo coherentes con la idea que dicen es de Virginia Woolf (y creyendo que sí para el ejercicio), ¿se le mediría a conseguir uno de esos libros leídos, viandantes y silvestres, con mucho mundo recorrido (mucho comparado con los libros nuevos) para domesticarlo en su casa y darle un lugar en la biblioteca? Si la respuesta es sí, tenga en cuenta estas recomendaciones.
Primero, fíjese que no se trate de libros robados de bibliotecas, que no tengan sellos y no estén mutilados. “También hay que tratar de buscar buenas ediciones, que el libro esté en buenas condiciones y que no tenga hongos”, sugiere Juan. Ya con él en casa deberá cuidarlo como cuida los demás: limpiarle el polvo, alejarlo del sol y la humedad. “No hay que hacer nada estrafalario, solo los cuidados elementales”, agrega Luis Alberto.


En general los libros pueden durar muchísimos años, incluso algunos muy antiguos, con algunas restauraciones mínimas, alargan su vida útil. “Con Carlos Quijano (otro apóstol de su oficio) clasificamos los libros que ameritan restauración para que duren muchísimos años más, y con mi hija Juliana, que es artista plástica, hacemos reparaciones menores, todo para mantener la calidad”, detalla.
En las librerías de libros nuevos encontrará ediciones “muy bonitas”, dice Juan, “pero cuando vas a comprar libros leídos encuentras tesoros. Más que belleza física o visual, encuentras joyas”.

Palinuro.
Dirección: Cll 49B # 75-33, Medellín
Instagram: @libreriapalinuro

Los libros de Juan.
Dirección: Cll 34 # 81-41, Medellín
Instagram: @loslibrosdejuan

Peregrina libros.
Web: www.peregrinalibros.co
Instagram: @peregrina.libros